¿Qué le ha pasado a mi hijo que de repente me contesta y desobedece?

7 enero, 2018

La Razón.Familia.-Si de repente su hijo, ese que hasta hace nada era un tierno bebé, se convierte en contestón, retador, desobediente, te saca de tus casillas y te coloca frente a un espejo haciendo que veas tus propias incoherencias, ¡enhorabuena!, tienes un hijo muy normal y muy sano. Forma parte del crecimiento en la segunda infancia y deberás tener paciencia, buenas dosis de cariño y también firmeza para educar…sin gritos.

Sabina del Río, de Calma Psicología, nos lo explica.

-Mi hija de 7 años, de repente me contesta y no me hace caso. Ni entiendo por qué de repente hace eso ni sé qué hacer. Por un lado pienso que si le grito e impongo mi autoridad es peor y, por otro, pienso que si me siento a hablar con ella no estoy siendo suficientemente dura. ¿Qué es lo mejor? ¿Por qué?

-En esta situación hay dos personas, por un lado una niña a la que le pueden estar pasando cosas y hay que intentar entender, que expresa como sabe o puede con sus recursos de niña de 7 años: su necesidad de autoafirmación, autonomía, celos, sueño, cambio de rutinas, tensión familiar en casa…

Si bien decimos que aún tiene 7 años, por otro lado hay que decir que ya tiene 7 años, o sea, que hay cosas que como adultos tenemos que entender, pero hay otras que ya podemos pedirle que haga o no dejarle que haga (faltar al respeto o pegar por ejemplo) . Y por otro lado, hay un adulto que se siente impotente con esta necesidad de autoafirmación, que hasta el momento no se daba. Pienso que la autoridad no hay que imponerla, y mucho menos gritando, se obtiene como mucho un niño asustado las primeras veces y pasota las siguientes. ( Los gritos dejan de tener su efecto)

La autoridad, debe ganarse a través del respeto, la admiración y la firmeza, no imponerla por la fuerza ( El grito sirve de desahogo puntual al adulto que se siente incompetente con otras medidas)

-El estrés del día a día, trabajo, cansancio, y que no me hagan caso a la primera, hace que muchas veces les grite. Entonces me siento fatal. ¿Qué debo hacer si grito? Y qué debo hacer para no gritar?

-Nuestro ritmo de vida de adultos nos hace forzar los ritmos de los niños, esto es un problema nuestro. En la medida en la que podamos, hay que intentar anticiparnos y no llegar al extremo en el tiempo para que hagan lo que queramos: Una mañana en la que les levantamos con 20 minutos para salir al cole va a estar llena de gritos, desesperación, estrés y llantos. Si les acostumbramos a dejar la ropa y cosas del cole el día de antes preparadas, les levantamos con el desayuno ya puesto y les dejamos tiempo para que se arreglen a su ritmo, pero supervisándoles cada cierto tiempo y avisándoles de la hora a la que se sale, todo va a ser mucho más fluido y fácil para todos.

Si llegamos a gritar en primer lugar hay que reconocer que no hemos hecho bien y explicarles por qué lo hemos hecho y disculparnos: “Perdona, no he debido gritarte, pero es que estoy nerviosa porque hoy tengo una reunión muy importante y no puedo llegar tarde, te he dicho 3 veces que te laves los dientes y no me haces caso, eso me enfada y por eso te he gritado” Tú sabes que después de desayunar tienes que lavarte los dientes y no lo has hecho, eso es tu responsabilidad, pero yo sé que no tengo que gritarte y lo he hecho. Las dos tenemos que corregir algo para que no vuelva a pasar esto otro día.
Sirven de algo las amenazas tipo: si no recoges tu habitación no vas a ir al cumple de fulanito?

-Es una medida de muy corto recorrido. El niño acaba haciendo lo que quieres pero genera mucha rabia e impotencia. La misma situación se puede reformular: Por la mañana: “Antes de esta tarde, que tenemos el cumple de Fulanito tienes que recoger tu habitación (mejor algo más concreto en función de su edad: guardar los juguetes, liberar la mesa de estudio, guardar ropa en armario…), tú decides cuando hacerlo, pero no vamos a ir al cumple hasta que no lo hayas hecho. De este modo, se lo dices tranquila por la mañana, le estás transmitiendo con firmeza una tarea que le corresponde, dejándole cierto margen de maniobra y elección respecto a cuándo hacerlo y avisándole de la consecuencia que tendría no hacerlo. Ya es una decisión que toma él, si no lo hace es su responsabilidad.

-¿Por qué mi hijo se porta genial en todas partes excepto en casa?

-En la relación con los padres y con los hermanos se juega todo lo emocional: amor, búsqueda de atención, necesidad de autoafirmación, rivalidades, celos… Fuera de casa normalmente el niño no tiene que jugarse estas cosas, por eso en casa se portan peor. Pero esto no siempre es así, a veces en casa se sienten tranquilos y seguros y es en clase donde se sienten peor y reclaman la atención a través de un mal comportamiento.

-Consejos finales.

Sería todo mucho más fácil si empezamos a transformar las situaciones niño-adulto en adulto-adulto: ¿Cómo vemos que un jefe nos grite o nos amenace?, ¿ cómo resolvemos como adultos una situación que nos saque de quicio con un compañero, familiar, empleado?, ¿No deberíamos preguntarnos qué es lo que nos está haciendo perder los papeles y si tiene que ver con nosotros o con el niño?, ¿Por qué nos permitimos gritar ( o pegar) a un niño y no a un adulto?

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