Matrimonio y rendimiento académico

5 diciembre, 2017

¿Influye la estabilidad matrimonial en el rendimiento académico de los hijos? Eso parece. Ya no son sólo los informes realizados por investigadores del Institute for Families Studies (Virginia, EEUU) o del Departamento de Educación de EEUU,/a> recientemente ha aparecido una publicación que lo recoge en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España. ¡Increíble!

Blog José Javier Rodríguez.-La semana pasada el periódico El Mundo divulgó una entrevista al profesor de la Universidad de Pavía Massimo Recalcati, en la que hablaba de la metamorfosis antropológica que vivimos en las últimas décadas. Efectivamente, el autor comenta en
ese artículo que el síntoma de ese cambio se detecta en que los padres “reivindican la libertad de los hijos y niegan la función educativa de la escuela. Es un viento anti-institucional que atraviesa nuestro tiempo. El niño es el rey de la familia; todo debe ser sometido a sus exigencias.” Y es que, según el autor, “el hijo ya no tiene que hacer cuentas con la realidad, sino que es la realidad la que tiene que plasmarse según el capricho del niño”.

Yo añadiría, que esta metamorfosis ha cambiado profundamente a la sociedad porque ha “tuneado a la familia”, base y fundamento de la misma, y ha cambiado la función de la enseñanza en la escuela.

Tunear la familia

Por un lado, ya no son los padres, varón y mujer, los que crean una familia y le dan estabilidad en el tiempo; por el contrario, es el “deseo del hijo como objeto de consumo” el motor de la nueva generación líquida y sin fundamento. Todo ello bajo un supuesto amparo legal que limita los derechos inalienables del niño vulnerando el principio 7 de la Declaración de los Derechos del niño de 1959: adopciones por matrimonios no ecológicos, vientres de alquiler, reproducción asistida en la que decenas de hermanos son sacrificados en beneficio de uno o de la parejita…

El hijo se ha convertido en el centro y rey del hogar. Se olvida que, sin un matrimonio estable en el tiempo, comprometido mutuamente en el respeto y la colaboración y convenientemente formado en su responsabilidad educadora de la descendencia, no hay cimiento y base de una familia. Sin matrimonio no hay familia; y sin familia, la “sociedad líquida” se diluye en la arena de la playa como ola en tiempo de serenidad.

Y eso es lo que afirma la investigación educativa que se deja entrever en el contraste de hipótesis realizado en el número 60 de PISA INFOCUS publicado en la página del Ministerio de Educación.

“Un estudiante de familia monoparental, migrante, que hable un idioma diferente en casa que en la escuela, viva en un área rural, no haya asistido a educación infantil, haya repetido un curso y siga la vía de formación profesional inicial tiene un 76% de probabilidad de mostrar bajo un rendimiento en matemáticas.”

Ajuste social de la escuela

La escuela y los promotores de la escuela comprensiva, bajo el prisma de la socialización como único motor dinamizador de la escuela única, han confundido y llevan confundiendo a toda la opinión pública en los últimos cuarenta años. Los adalides del pensamiento correcto inquisitorial no quieren ningún tipo de prueba en la escuela, porque su misión es la “educación” en el espíritu socializador. En cambio, la familia ha de completar los contenidos curriculares no cursados en la escuela con una carga abusiva de “deberes”. Además de invadir las competencias de la familia, la programación educativa ha olvidado uno de los aspectos de la enseñanza: la instrucción como parte esencial del proceso de cada escolar.

La escuela ha sido y sigue siendo el eje de la acción política del cambio: se ha asestado un golpe de muerte a la escuela y a los maestros obligándoles a cumplir la misión de la familia, al tiempo que se ha devaluado la familia para que no cumpla su cometido educador. Así, de esta forma, no queda otra que sea el Estado el que asuma la responsabilidad de la educación de las futuras generaciones arrebatando este deber inalienable a los padres, varón y mujer.

Y esto que denuncio aquí, no es nuevo. Ya don Miguel de Unamuno en el segundo prólogo de “Amor y Pedagogía” lo escribía en 1934, en plena república: “El niño es del Estado, y debe ser entregado a los pedagogos —demagogos— oficiales de Estado, a los de la escuela única.” [1]

La reforma educativa fruto del consenso

Ante esta situación, ante la reforma educativa hemos de ser los padres los que asumamos el liderazgo, reivindicando nuestra función educativa y devolviendo al maestro su función docente, formativa, instructiva, didáctica, pedagógica, científica, informativa, ejemplar…

[1] Miguel de Unamuno, Amor y pedagogía, Prólogo-epílogo a la segunda edición (1934), Madrid, Espasa Calpe, 2007, pág. 54.

José Javier Rodríguez Santos

Share this:
Share this page via Email Share this page via Stumble Upon Share this page via Digg this Share this page via Facebook Share this page via Twitter

Deja un comentario

Qué es el amor humano?

Tiene sentido ser creyente para un científico del siglo XXI

Drogas y adolescencia guía práctica

David Rainer y la ideología de,género

David Rainer y la ideología de género.

Matrimonio natural. Profesor Andrés Ollero

¿Qué son los vientres de alquiler?

Contador

  • 148176Total de lecturas:
  • 0Visitantes conectados: